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Érase una vez…

Por Ana Morales. Vogue

Las marcas cosméticas son sinónimo de eficacia, funcionalidad y belleza. Pero hoy me he propuesto dar una visión diferente de ellas, teniendo en cuenta las historias personales que esconden tras de sí y que, en la mayoría de los casos, apenas se conocen. Son muchas las firmas que nacieron como resultado de las investigaciones personales de sus creadores que, desesperados por intentar buscar solución a un problema estético propio o de alguien muy cercano, dieron con un ingrediente casi mágico convertido en la clave de toda su formulación.

Mención especial merece también Fridda Dorsch. Esta firma dermocosmética nació hace 25 años, cuando a su fundadora, Ana Fridda Dorsch, le confirmaron que la extraña enfermedad de su piel había sido diagnosticada como incurable por la Universidad de Boston. Sufría cicatrices, estrías y envejecimiento prematuro. Ella, que no quiso darse por vencida, y gracias a sus investigaciones -llegó a doctorarse en Naturopatía- diseñó las fórmulas originales de esta firma, específica para pieles sensibles, ya que uno de los objetivos básicos era alcanzar componentes antialergénicos para sus problemas de piel.

http://blogs.vogue.es/8am/?m=200807

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