Fridda Dorsch -- Cesta

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Nacido de la lucha contra la enfermedad

fridda01Todo empezó cuando a su fundadora, Ana Fridda Dorsch, le diagnosticaron a principios de los setenta un edema de Quin, incurable y prácticamente intratable. Esta enfermedad dermatológica se caracteriza por un envejecimiento prematuro de la piel acompañado de inflamaciones y erupciones. Lejos de resignarse a su suerte, esta mujer, que hasta entonces se había dedicado al papel de madre y esposa de un alto directivo financiero, optó por tomar las riendas de su salud y se puso a investigar por su cuenta.


Empezó a probar diferentes productos naturales para ver cuál le iba a mejor, hasta que le hablaron de la naturopatía, una ciencia que comenzaba a arrancar por aquel entonces en Miami.  Decidió estudiarla a distancia y completar esa formación con un doctorado.  Después viajó a París y junto a una amiga química empezó a poner en práctica todo lo aprendido a través de fórmulas magistrales que tenían como principal conejillo de Indias a ella misma.

El efecto de sus cremas resultó tan impactante que pronto sus conocidos comenzaron a pedirle sus productos y, por efecto del boca a boca, el negocio iba creciendo. Así fue como crearon entre las dos, en 1983, Farma Dorsch. Esta línea se especializaba en el tratamiento de casos severos de problemas dermatológicos y sólo mediante prescripción facultativa.

El azar quiso que uno de esos enfermos al que recomendaron productos de Farma Dorsch estuviese vinculado a El Corte Inglés. “Tal fue su entusiasmo por la efectividad de las cremas que no paró hasta convencer a mi madre para que creasen una línea que se pudiese vender en grandes superficies. Y así nació, en 1993, Fridda Dorsch, la línea de cosmética y perfumería para El Corte Inglés, con más de 100 puntos de venta. En aquella época la cosmética era exclusivamente para tapar, ella fue la primera en comprender que debía ser regenerativa y apostó por lo que denominó dermocosmética. Fue pionera en incorporar filtros solares en las cremas, por ejemplo”, señala Coral Márquez, hija de la fundadora y actual directora general del grupo.

Ahora tienen otras tres líneas más: una orientada hacia la investigación y desarrollo para terceros, especialmente grandes laboratorios y clínicas por medio de formulaciones para pieles sometidas a agresiones como quemaduras, láser o radioterapia. En muchos casos los productos se desarrollan bajo el nombre de la clínica. Otra línea de investigación, en colaboración con hospitales, universidades y especialistas en antienvejecimiento, incluye complementos alimenticios, “un terreno completamente nuevo para nosotros pero que nos apetece mucho”, recalca Márquez. Y una tercera vía está dirigida a ayudar y apoyar a nuevas marcas a introducirse en el mercado a través del marketing, la logística, el apoyo comercial y la distribución.

Esta diversificación está de alguna manera relacionada con la evolución que ha experimentado el grupo en estos últimos años. “Entre 1996 y 2005 vivimos un crecimiento anual del 30%. Entre 2005 y 2008 el incremento fue del 20%. Y entre 2008 y 2009, sin embargo, vivimos una caída del 10%. Este brusco descenso coincidió con el cambio de sede que hicimos hace año y medio hacia unas instalaciones más grandes, lo que nos obligó, por un lado, a hacer reajustes, incluidos recortes de personal (pasó de 39 a 29 empleados), y a buscar fórmulas innovadoras que nos permitiesen rentabilizar el nuevo espacio que, de repente, estaba sobredimensionado. Así fue cómo surgió el proyecto de apoyar logística y productivamente a otras marcas”, explica Coral Márquez. Pese a la caída, este laboratorio 100% español consiguió facturar en 2009 cuatro millones de euros

Artículo publicado en Cinco Días. Isabel G. Méndez – Madrid.

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